¿Se está acabando mi relación de matrimonio?

Hemos escuchado frases como: “Si te casas, te echas la soga al cuello” o “Esto está más malo que un matrimonio mal llevado”. Estas expresiones, de alguna manera, presentan el matrimonio como un espacio opresor, difícil o incluso como una especie de condena.
Es de conocimiento general que muchos matrimonios enfrentan crisis a lo largo de su historia y que no siempre cuentan con las herramientas necesarias para gestionarlas adecuadamente. Cuando una pareja contrae matrimonio, generalmente no está pensando en cómo será el día de su divorcio. Sin embargo, las rutinas, las responsabilidades, los cambios en la dinámica familiar y las diferentes situaciones que surgen a lo largo de la vida pueden comenzar a generar disgusto, molestia, distanciamiento emocional y, en algunos casos, conducir a una separación.
Hoy quiero compartir los “Cuatro Jinetes” identificados por el doctor John Gottman, investigador reconocido por sus estudios sobre las relaciones de pareja. Gottman utiliza esta expresión para describir cuatro patrones de comunicación que pueden deteriorar significativamente una relación cuando se vuelven frecuentes y persistentes.
Los cuatro jinetes del matrimonio
- Crítica destructiva
No se trata simplemente de expresar una queja. La crítica destructiva ataca la personalidad o el carácter de la pareja. No es lo mismo decir: “Me molestó que no cumplieras con lo que habíamos acordado” que expresar: “Tú nunca haces nada bien”. La primera expresión señala una conducta; la segunda ataca a la persona.
- Desprecio
Se manifiesta mediante sarcasmos, burlas, insultos, gestos de superioridad o comentarios que buscan menospreciar al otro. En ocasiones se normaliza diciendo: “Estoy jugando” o “No dije nada malo”. Sin embargo, cuando estas conductas se convierten en una forma habitual de comunicación, pueden causar profundas heridas emocionales y deteriorar el respeto dentro de la relación.
- Actitud defensiva
Aparece cuando, ante una queja o conflicto, respondemos culpando al otro, justificándonos constantemente o buscando excusas en lugar de escuchar y asumir nuestra parte de responsabilidad. El diálogo deja de convertirse en una oportunidad para comprenderse y pasa a ser una lucha por demostrar quién tiene la razón.
- Actitud evasiva o muro de piedra
Ocurre cuando uno de los miembros de la pareja se desconecta de la conversación, evita responder, ignora al otro o se cierra emocionalmente. A veces la persona necesita tomar un espacio para calmarse, y eso puede ser saludable. La dificultad surge cuando el silencio se utiliza para castigar, controlar o evitar indefinidamente la conversación.
¿Significa esto que el matrimonio está condenado?
No necesariamente.
Reconocer estos patrones no significa que una relación esté destinada a terminar. La conciencia, la disposición al cambio, el compromiso, el perdón, el desarrollo de nuevos hábitos y, cuando sea necesario, la búsqueda de ayuda profesional pueden abrir la puerta a un nuevo comienzo.
Entonces, ¿cómo podemos contrarrestar estas dinámicas?
Algunas claves para comenzar:
Gestionar el perdón y trabajar en la sanidad individual.
Cuando ambos llegan a la relación cargando heridas que no han sido atendidas, puede resultar difícil construir una dinámica saludable.
Fortalecer hábitos positivos.
Las relaciones también se construyen a través de pequeños actos cotidianos de amor, consideración y cuidado.
Aumentar las afirmaciones positivas y los gestos de gratitud.
Reconocer aquello que nuestra pareja hace bien, expresar agradecimiento y demostrar afecto puede fortalecer el vínculo.
Ser conscientes de cuándo necesitamos ayuda.
Buscar orientación profesional no significa que el matrimonio haya fracasado. En muchas ocasiones, pedir ayuda a tiempo puede evitar que un conflicto se convierta en una crisis mayor.
Aprender a expresar las quejas desde el respeto.
Si algo nos molestó, podemos hablar de la conducta sin atacar la identidad de la persona. Podemos decir “Me sentí herida cuando ocurrió esto” en lugar de convertir el momento en un ataque personal.
Ser honestos sin faltarnos el respeto.
La honestidad y el respeto no son enemigos. Podemos expresar lo que sentimos y necesitamos sin humillar, insultar ni destruir emocionalmente al otro.
Hacer de Dios el centro.
Para quienes vivimos nuestra fe, reconocer a Dios como centro del matrimonio implica permitir que nuestros valores, decisiones y manera de relacionarnos estén guiados por el amor, el respeto, el perdón y el compromiso.
Un matrimonio no tiene que ser un lugar de miedo
El matrimonio es un diseño hermoso de Dios para la humanidad. Por eso, disfrutemos de ese regalo y aprendamos también a cuidarlo correctamente.
El matrimonio no debe convertirse en un espacio de opresión, control, miedo, inseguridad o ansiedad. Por el contrario, aun en medio de las vicisitudes de la vida, puede convertirse en un lugar de seguridad emocional, compañerismo y crecimiento.
No hablamos de matrimonios perfectos. Hablamos de matrimonios donde exista amor, respeto, comunicación, responsabilidad y compromiso.
Si hoy te preguntas: “¿Se está acabando mi relación de matrimonio?”, quizás la pregunta también pueda transformarse en otra:
“¿Qué estamos dispuestos a hacer para sanar lo que se ha lastimado?”
A veces, reconocer que algo no está funcionando no es el final de la historia. Puede ser el comienzo de una conversación necesaria, de un proceso de cambio y, para algunas parejas, de una nueva oportunidad.
Siempre atenta a tu salud emocional.
Lcda. Keila M. Angulo Hernández




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