La envidia silenciosa: cómo reconocerla y vencerla

Si crece, no es tu competencia
Muchas veces hablamos de la salud mental y la reducimos a una conducta enfocada en velar por el bien individual y común. No obstante, hay un asunto que ocurre a diario y se experimenta entre familia, amigos, colegas, fotos ministeriales o núcleos cercanos: la envidia silenciosa. Esa que se cubre de falsas sonrisas ante el logro del otro, pero en el interior guarda pensamientos destructivos. Esa que puede disfrazarse en abrazos falsos, llenos de dolor, porque la frustración ha invadido el corazón.
Cada ser humano, en su mayoría, tiene metas específicas, ya sea a corto o largo plazo, dirigidas hacia un fin determinado. Sin embargo, en muchas ocasiones, cuando observamos que alguien conocido —sea colega, amigo o familiar— alcanza esa meta, experimentamos “de forma silenciosa” un desaire que provoca un sentimiento de envidia.
Según la RAE, la envidia es: “Emulación, deseo de algo que no se posee; o tristeza o pesar por el bien ajeno.”
Es importante detenernos a pensar por qué llegamos a sentir esto. En muchas ocasiones, la falta de seguridad personal puede provocarlo. También el cansancio emocional puede llevarnos a experimentar envidia, especialmente si no hemos tenido una buena gestión de nuestras emociones frente a procesos difíciles o experiencias dolorosas. A esto se suman los patrones aprendidos y la ausencia de sanidad emocional.
Recordemos que el ser humano actúa conforme a lo que gestiona en su mente.
Entonces la pregunta es: ¿Qué hago para corregir esto? Aquí algunas sugerencias desde una óptica terapéutica:
- Reconoce la emoción y sé sincero ante ella.
- No quieras aparentar contigo mismo que no te importa.
- Gestiona el pensamiento negativo dirigiéndolo hacia la resiliencia. Es decir, no pienses: “Él lo logró y yo no”, sino cámbialo por: “Qué bueno que lo logró, yo también lo podré alcanzar”. Siempre impulsa tu acción con pensamientos positivos.
- No fomentes conversaciones negativas ni pensamientos tóxicos hablando mal de aquel o aquella que alcanzó su meta. Estas pláticas solo generan toxicidad que, al final, dañan tu alma, cuerpo y espíritu.
- Hazte aliado. Si te es permitido, acércate y felicita por el triunfo; y si es viable, pide sugerencias de cómo lograrlo. Si notas que la otra parte no está en disposición, mantén la paz: siempre habrá alguien con la experiencia necesaria para aconsejarte e impulsarte.
- Enfócate en ti y en tu proyecto. Tú eres tu mayor competencia. No compitas con nadie, hazlo contigo mismo. Sé mejor cada día, cambia estrategias, busca nuevos modelos de trabajo, desarrolla aliados, mantén conexiones saludables y necesarias para tu emprendimiento.
- Tómate tiempos de autocuidado. Esto libera tu mente de emociones tóxicas, te permite pensar con claridad y actuar de forma correcta. Recuerda que trabajar en exceso no siempre lleva al éxito.
- No te autosabotees. La crítica negativa constante solo provoca desánimo y malestar. Corrige lo que esté mal, pero no te auto-tortures.
- Sé auténtico. Cada cual tiene su brillo y lo refleja por su propio esfuerzo. Si estás enfocado en tus asuntos de forma sobria y sana, no habrá necesidad de desear lo que el otro tiene o sentirte mal por lo que otro logre.
- Busca ayuda profesional si es necesario y mantén un crecimiento integral.
Vamos arriba, gente: sin envidia, pero con determinación. Quizás hoy sientas que no tienes nada, pero recuerda que en realidad lo tienes todo.




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