¿Callar o hacer silencio?

A menudo vivimos inmersos en una vida ajetreada donde se habla, se dialoga y se expresan ideas con rapidez. Muchas veces lo hacemos sin detenernos a reflexionar.
Dentro de este panorama surgen dos dinámicas: callar y hacer silencio. Aunque podrían parecer lo mismo, no lo son.
“Callar es contener palabras; hacer silencio es encontrar reflexión.”
Cuando hablamos de callar, nos referimos a reprimir palabras, pensamientos o estados de ánimo. Callar, como acción física, es dejar de hablar. Esto puede ocurrir por temor, por imposición de una autoridad, por resignación o por otras razones. En ocasiones, también puede estar relacionado con la frustración o el ahogo emocional, cuando no logramos expresar lo que verdaderamente sentimos.
Por otro lado, hacer silencio es un acto de reflexión, quietud y meditación. Se ha comprobado que el silencio beneficia la salud cerebral, mental y física. Las prácticas diarias de tranquilidad pueden contribuir a mejorar el bienestar y el rendimiento mental de cada individuo.
“El silencio es una pausa que fortalece la mente, renueva el corazón y aclara el alma.”
Una buena pregunta sería entonces: ¿Callo o hago silencio?
Mi recomendación es que ambas acciones tienen su momento; todo depende de las circunstancias.
Calla si no tienes algo positivo o edificante que decir. Calla si estás dominado por la ira y podrías causar heridas con tus palabras. Calla cuando aquello que vayas a expresar no te beneficie a ti, no beneficie a otros ni honre a Dios.
“Calla cuando tus palabras puedan herir; habla cuando tu silencio pueda prolongar el dolor.”
Sin embargo, no calles cuando exista dolor, sufrimiento, maltrato o confusión. No calles ante los malestares emocionales, mentales, sociales, familiares o espirituales. Tampoco calles una idea o un sueño que deseas convertir en una meta o proyecto de vida. En esos momentos es importante hablar con la persona adecuada, ya sea un profesional de la salud mental, un consejero espiritual o una persona sobria y de amplia madurez.
Hablar también es una forma de sanar. Expresar lo que sentimos puede ser el primer paso hacia la comprensión, la ayuda y la recuperación.
El silencio también es necesario para disminuir la carga mental, reflexionar y permitirnos momentos de descanso emocional. Se han comprobado los grandes beneficios de practicar silencios conscientes e intencionales, siempre con el propósito de crecer, descansar y reflexionar.
“El equilibrio está en saber cuándo hablar y cuándo guardar silencio.”
En ocasiones, el silencio puede tener más fuerza que las palabras y brindarnos la oportunidad de decir lo correcto en el momento apropiado. Siempre debemos procurar un balance que nos permita mantener una vida familiar y social con una comunicación sana y efectiva.
Calla cuando sea necesario. Haz silencio cuando sea necesario. Habla, comparte y ríe también, porque eso forma parte esencial de la vida.
Comprometida con tu salud mental,
Lcda. Keila M. Angulo Hernández




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