Familia se muda de Oklahoma a Puerto Rico: “pagamos más, pero vivimos mejor”

“Nos mudamos de Oklahoma a Puerto Rico: pagamos más, pero vivimos mejor”
Una familia estadounidense relata cómo su vida cambió tras mudarse a Puerto Rico por trabajo, enfrentando altos costos y apagones, pero ganando calidad de vida.
De Oklahoma al Caribe: una decisión de vida
Una familia estadounidense decidió dejar atrás la comodidad del centro-sur de EE. UU. para mudarse a Puerto Rico, luego de que el esposo recibiera una oferta de trabajo en la isla. Lo que comenzó como un salto al vacío terminó convirtiéndose en una experiencia transformadora.
“Nos preguntamos: ‘¿Nos arrepentiremos si no salimos de nuestra zona de confort?’”, contó la madre. “Queríamos mostrarles a nuestros hijos que está bien asumir retos, siempre que tengas algunas cosas en orden”.
La mudanza fue total: desde una espaciosa casa en Oklahoma a un apartamento frente al mar en San Juan. “Tenía 3,500 pies cuadrados y ahora tenemos 1,500. Pero eso nos ha hecho valorar más estar fuera del hogar”.
Una vida más activa, cerca de la naturaleza
El cambio climático y geográfico transformó la rutina familiar. “Oklahoma también era bonito, con colinas verdes y lagos, pero aquí la naturaleza es otra cosa. Vamos a la playa, caminamos por senderos y jugamos pickleball dos veces por semana”, relató.
La familia también descubrió deportes nuevos como el tenis de playa, muy popular en Ocean Park y Carolina, y participa en carreras locales: “Los fines de semana, entre 5 a.m. y 10 a.m., la calle frente a casa se llena de corredores. Ya empezamos a reconocer caras”.
La escuela: integración rápida y comunidad acogedora
Uno de los grandes temores era el cambio de escuela para sus hijos, pero la experiencia superó las expectativas. “Vivimos a solo unas cuadras de la escuela. Podemos llevarlos caminando todos los días, y las actividades extracurriculares tienen un enfoque más cultural y musical. Esperamos que terminen siendo bilingües”.
Además, destacan la diversidad cultural del entorno: “Nuestra hija tiene compañeros de China, Nueva Zelanda y de otras partes de EE. UU. Es un verdadero crisol cultural”.
La red social también se volvió parte esencial de la adaptación: “Todo gira en torno a WhatsApp. La gente es muy amigable, comparten desde uniformes hasta consejos. Nos sentimos cómodos muy rápido”.




Lo no tan ideal: altos precios y apagones frecuentes
Aunque la experiencia ha sido enriquecedora, la familia no esconde las dificultades. “Puerto Rico es más caro de lo que esperábamos”, admiten. “Una comida básica para cuatro puede costar entre 75 y 100 dólares, y no estamos hablando de restaurantes de lujo”.
La electricidad también representa un desafío constante. “En la iglesia se fue la luz a mitad del sermón y no tenían generador. Afortunadamente, nuestro edificio tiene generador y cisterna, pero nuestros amigos, a unas cuadras, se quedaron sin agua”.
Incluso los semáforos fallan con frecuencia: “En Tulsa, si un semáforo dejaba de funcionar, todo el mundo se alarmaba en redes sociales. Aquí pasa día por medio y la gente ya sabe cómo manejarlo”.
Una vida distinta, pero no menos moderna
A pesar de los retos, aseguran que la calidad de vida compensa. “Mi familia estaba preocupada, pensaban que mudarse a una isla era como ir a un país en desarrollo. Pero aquí hay deportes organizados, happy hours… no nos sentimos en desventaja en absoluto”.
Y concluyen: “Sí, hay cosas que extrañamos, pero nuestra vida aquí es más rica. Vivimos más conectados entre nosotros y con el entorno”.
Fuente: Business Insider




Comment