Brasil criminaliza la “misoginia” entre dudas sobre la libertad de expresión

En un movimiento que ha encendido las alarmas en los sectores defensores de las libertades civiles y los valores, el Senado de Brasil aprobó recientemente el proyecto de ley que equipara la misoginia a los delitos de racismo. La medida, que ahora avanza hacia la Cámara de Diputados, busca castigar con penas de prisión lo que define como “odio o aversión a las mujeres”, una terminología que, para muchos juristas y legisladores conservadores, resulta peligrosamente ambigua.
¿Justicia o censura? El dilema de la subjetividad
El proyecto de ley PL 896/2023, impulsado por sectores de izquierda y centro-izquierda, pretende incluir la misoginia dentro de la Ley del Racismo (Ley 7.716/1989). Esto significa que expresiones consideradas “misóginas” podrían ser tratadas como delitos imprescriptibles y sin derecho a fianza.
Para el sector conservador, la principal preocupación no reside en la protección de la mujer —objetivo en el que hay consenso nacional tras años de lucha contra la violencia física— sino en la subjetividad del término.
Libertad de expresión: Críticos como el senador Jorge Seif han advertido sobre el riesgo de criminalizar opiniones, bromas o debates legítimos sobre roles de género, bajo el manto de una “manifestación de odio” interpretada por el juez de turno.
Inseguridad Jurídica: A diferencia de delitos claros como la agresión o el feminicidio (ya severamente penados en Brasil), la “aversión” es un sentimiento interno cuya exteriorización verbal podría convertirse en un arma política para silenciar disidentes ideológicos.
El choque de visiones en el Congreso
Durante los debates en la Comisión de Constitución y Justicia (CCJ), la tensión fue evidente. Mientras la relatora, Soraya Thronicke, defendió que el odio estructurado es la antesala del “feminicidio”, las voces de la oposición intentaron, sin éxito, incluir salvaguardas para la libertad religiosa y de expresión.
“He intentado reflexionar si conozco a algún hombre que realmente odie a una mujer. He visto discusiones y ofensas, pero transformar eso en un tipo penal me parece algo gravísimo”, señaló Seif durante la sesión.
La negativa a proteger explícitamente el discurso basado en convicciones religiosas o filosóficas ha reforzado la tesis de que la ley podría usarse para perseguir a iglesias o comunicadores que sostengan visiones tradicionales sobre la familia y la sociedad.
Un sistema judicial bajo la lupa
Este avance legislativo ocurre en un contexto donde el Poder Judicial brasileño ha sido cuestionado por su activismo. Para los sectores conservadores, otorgar más herramientas punitivas basadas en conceptos ideológicos —como el “género” o la “misoginia” interpretada de forma amplia— podría profundizar la fractura social en lugar de resolver el problema de la violencia real.
Puntos críticos del proyecto:
Equiparación al racismo: Penas severas para delitos de opinión que antes se resolvían por vía de injuria o difamación.
Falta de filtros: Riesgo de que críticas políticas a figuras femeninas sean catalogadas automáticamente como misoginia para invalidar el debate.
Impacto en redes sociales: Posible aumento de la censura previa por parte de plataformas para evitar sanciones legales.
El futuro de esta ley
El texto ahora depende de la Cámara de Diputados, donde el bloque conservador (conocido como la “bancada conservadora” o “bolsonarista”) promete una resistencia más férrea.
El desafío será encontrar un equilibrio que proteja la dignidad de la mujer sin sacrificar los cimientos de la libertad de expresión que sostienen a cualquier democracia saludable.




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