El cantante urbano cristiano Jay Kalyl conversó con Buenas Nuevas sobre los inicios de su carrera, su matrimonio a los 18 años, los procesos difíciles que fortalecieron su fe y cómo Dios transformó su vida familiar y ministerial.
Por Buenas Nuevas
El reconocido cantante urbano cristiano Jay Kalyl compartió en entrevista exclusiva con Buenas Nuevas los detalles más íntimos de su historia personal y espiritual: desde su nombre artístico, su matrimonio a temprana edad, las luchas familiares y la forma en que ha visto la mano de Dios obrar en los momentos más duros de su vida.
“Jay Kalyl es una larga historia”, contó entre risas. “Comencé con Kalyl porque quería un nombre más urbano, que derivara de Carlos, mi nombre real. Luego añadí el Jay, que viene de mi esposa Jessica. La J en inglés se dice Jay, y de ahí salió Jay Kalyl”.
El artista —cuyo nombre verdadero es Carlos Ríos Rosario— reconoció que hoy casi no responde por su nombre de pila.
“Ya no respondo por Carlos, casi todo el mundo me llama Jay. Solo en casa me dicen Carlito o Carlos, y mi papá insiste en que no se pierda ese nombre”.
“Nos casamos siendo niños”
Uno de los momentos más personales de la conversación fue cuando Jay habló de su matrimonio a los 18 años, una decisión que marcó su vida pero que con el tiempo se convirtió en testimonio.
“Yo pienso que no apoyo casarse tan joven, pero Dios transforma cada situación y la usa para bien. En mi caso, me casé muy joven, descuidé áreas de mí, pero hoy en día llevamos 19 años de casados y cuatro hijos. Dios ha sido el centro de nuestro hogar”, compartió.
El intérprete de música urbana reconoció que la inmadurez les llevó a enfrentar grandes retos al inicio de su relación:
“Nos hicimos adultos a la fuerza. Éramos dos niños creciendo juntos, conociéndonos y chocando mucho. Pero desde el principio decidimos que Dios dirigiera la barca, porque sin Él no hubiéramos sobrevivido”.
Un milagro de vida
Jay también relató uno de los procesos más difíciles que vivió su familia cuando su segundo hijo necesitó un trasplante de hígado.
“Los doctores decían que no llegaría al año de vida. Yo oraba con rabia, le reclamaba a Dios. Pero a los siete meses, justo el día de mi cumpleaños, nos llamaron: el único compatible con el hígado disponible era mi hijo. Ese fue el mejor regalo del cielo”.
Aquel milagro cambió su perspectiva de la fe:
“Ahí entendí que Dios siempre estuvo. A veces no disfrutamos el viaje porque queremos llegar rápido, pero en el proceso es donde uno más crece y ve la mano de Dios obrar”.
De la iglesia al género urbano
Jay recordó sus comienzos en la música cristiana desde niño, cuando su padre —evangelista y pastor en Luquillo, Puerto Rico— lo llevaba a cantar a campañas e iglesias.
“Desde los seis años cantaba en los cultos. A veces no quería porque soy tímido, pero cuando cantaba se me iba la timidez. Mi papá me decía: vas a cantar, yo voy a estar contigo”.
Más adelante, ya viviendo en Estados Unidos, Jay grabó su primer disco con la ayuda de su hermano, quien producía música urbana.
“Yo quería hacer un disco de baladas, pero él me dijo: ‘Aquí hacemos rap y reggaetón’. Así nació mi primer proyecto urbano. No era lo que tenía en mente, pero era el plan de Dios”.
El cantante confesó entre risas que en su niñez escuchaba reggaetón cristiano a escondidas.
“Mi mamá no me dejaba escuchar esa música. Ponía el CD de René González encima del de Triple Seven para que pensaran que era música de adoración. Pero por dentro sonaba el reggaetón”, contó divertido.
“Dios usa a quienes se atreven a entrar donde otros no irían”
Jay también dio su opinión sobre la participación del veterano rapero Vico C en un evento en la residencia del gobernador de Puerto Rico, donde proclamó públicamente su fe.
“Yo pienso que hay gente que está lista para ir a esos lugares y otros que no. Vico C siempre ha sido claro en su mensaje y ha representado a Cristo donde está. Qué mejor persona que él para entrar a ese ambiente y decir lo que dijo”, expresó.
Para Jay, ser luz en medio de la oscuridad es parte de la misión del creyente.
“No se trata de señalar. Se trata de llevar el mensaje donde muchos no van a llegar. Hay gente que busca sentirse bien en otras cosas, pero solo en Dios hay libertad verdadera”.
“Nuestra historia fue acción desde el principio”
Al mirar atrás, Jay Kalyl resume su vida y ministerio con gratitud.
“Nuestra historia comenzó en acción, como una película que empieza intensa. No fue una mala decisión, solo adelantamos el tiempo. Hoy doy gracias a Dios por mi esposa, mis hijos y por nunca habernos dejado”.
De niño tímido en Luquillo a cantante urbano cristiano reconocido internacionalmente, Jay Kalyl ha aprendido que los procesos difíciles no son señales de fracaso, sino escenarios donde Dios demuestra su fidelidad.
“La acción sigue”, dice entre risas. “Cada etapa trae nuevos retos, pero con Dios al centro, siempre se puede seguir adelante”.
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