Lo que los niños merecen: no solo en el mes de la niñez

La Ley Núm. 116 de 19 de julio de 1979 declaró el segundo domingo de abril de cada año como el “Día del Niño” en Puerto Rico, con el propósito de que se realicen actividades que señalen la importancia del niño como un ser con dignidad y valor propio.
Luego, también tenemos la Ley Núm. 211 de 28 de agosto de 2003 para declarar el mes de abril de cada año como el “Mes de la Niñez y de la Prevención del Maltrato de Menores”. Por ello observamos que el Gobierno de Puerto Rico y sus agencias y entidades encargadas de la prevención, identificación, manejo y tratamiento de los casos de maltrato de menores, entre ellas el Departamento de Justicia, el Departamento de la Familia, la Policía de Puerto Rico, el Departamento de Salud y el Departamento de Educación organizan y auspician en este mes distintas actividades relacionadas.
También está la Carta de Derechos del Niño por virtud de la Ley Ley Núm. 338 de 31 de diciembre de 1998, según enmendada.
En fin, sabemos que en Puerto Rico hay una cantera enorme de muchísimas leyes que dejan claramente establecido cuán importantes son los niños en nuestro corazón y supervivencia como humanidad.
Por otro lado, también se hizo una nueva ley para velar por el bienestar de los menores: Ley 57 del 10 de mayo del 2023, para establecer la “Ley para la Prevención del Maltrato, Preservación de la Unidad Familiar y para la Seguridad, Bienestar y Protección de los Menores,” a los fines de garantizar cumplimiento con leyes federales, las partes B y E del Título IV de la Ley del Seguro Social, según enmendada por la “Family First Prevention Services Act” cuya meta no es sólo remover niños en riesgo, sino profundizar aún más qué hizo a esa familia tan vulnerable para ver si es rescatable y hacer una inversión en la sanidad junto a reunificación familiar. Pues, la meta del gobierno federal no debe encajonarse en remover niños para darle presupuesto a los estados y que esos niños sigan rodando de mano en mano.
Por otro lado, Mucho más recientemente se aprobó la Ley 183 del 20 de diciembre de 2025, dónde se clarificó en el artículo 67 de nuestro Código Civil que el ser humano en gestación es una persona natural incluyendo al concebido en cualquier etapa de gestación dentro del útero materno.
Todas las leyes anteriormente mencionadas no son las únicas en referencia al reconocimiento del gran valor de los niños. Similar a las leyes protectoras de la mujer, en Puerto Rico en cuanto a los niños también estamos dentro de las jurisdicciones con más ríos de leyes.
No tengo nada en contra de leyes como esas. Pero, hay que ser realistas:
Los ríos de tinta en un reguero caótico de leyes que parecen no complementarse totalmente entre sí, en cuanto a dirección y enfoque para construir una política pública realmente robusta totalmente coherente; parece estar ausente. En ocasiones unas leyes se cancelen unas a otras y la contaminación ideológica es un gran problema. Cuando eso pasa, los barriles de dinero se convierten en zafacones que a la larga no logró el objetivo para lo que la ley fue creada.
Mantener vigilancia del cumplimiento de todo lo bueno que digan esas leyes, requiere inversión de fondos bien colocados, bien administrados y un recurso humano igualmente bien colocado que sea capaz, honesto y justamente pagado SIN CONTAMINACIÓN IDEOLÓGICA que esconda las metas y objetivos de un libertinaje que sale caro, a la luz de un comunista desnudo que es contranatura y anticristiano, antivida, antifamilia y antiniñez. Ese elemento adversario se sabe infiltrar en cualquier institución política, gubernamental, privada o religiosa. Hay que combatirlo denunciando sus engaños.
Si todo el entramado legal, político y social lograra compartir una sola visión con los enfoques correctos, con una Cultura de la Vida como fundamento… en Puerto Rico seríamos un paraíso soñado para los niños.
Pero, tenemos que examinarnos muy bien y muy adentro. Para ver si como personas, familia, sociedad y gobierno estamos realmente aprendiendo, creyendo, viendo y viviendo los valores correctos para darle a nuestra niñez y juventud lo que realmente se merecen.
¿Qué estamos haciendo?
En una cultura social, política y de medios de comunicación masiva, dónde no se eleva la dignidad del ser humano y también se desprecia la aportación desde los valores judeo-cristianos (desde su riqueza civilizacional, histórica y universal) estamos liquidando el orden natural para tener niños y criarlos con todo lo que se merecen.
Todos sabemos cuál es la fórmula superior. Es una fórmula que NO DEPENDE DEL DINERO, sino de nuestra mentalidad, nuestra valentía y nuestra fe. Del boricua que no se “juye”.
Bien dice la Biblia en Proverbios 17:
“Más vale comer pan duro y vivir en paz que tener muchas fiestas y vivir peleando.”
El Puerto Rico que una vez se levantó y ha llegado hasta aquí gracias a muchos de nuestros antepasados, no viene en su mayoría de cunas de oro y plata, ni viene tampoco de cheques o programas de asistencia social… ¡Viene de gente decente luchadora y con temor a Dios!
No nos pudieron dar todo lo que queríamos, pero sí el gran tesoro de una vida buena a base de un amor genuino en forma de muchísimos sacrificios. No eran perfectos, pero había mucho más corazones limpios que hoy.
¿Qué nos pasó en el camino?
¿Por qué hoy hay tanto maltrato con los niños? ¿Por qué Puerto Rico muere y casi no nacen niños? ¿Por qué 1 de cada 4 bebés se abortan? ¿Por qué siguen los abortorios abiertos después que se derogó la ley federal si abortar por simple pedido es un DELITO en nuestra ley?
¿Por qué la idolatría social en un sector de personas de todas las edades, estratos sociales e ideologías políticas a los “artistas” del porno auditivo que glorifican la violencia, el consumo de droga y sirven también a un comunista desnudo?
Respuestas hay muchas, pero me concentraré en las siguientes:
La primera es la cosecha del pecado. Las mil y una formas en que le damos la espalda a Dios.
La segunda es porque nos hemos tragado las pastillas ideológicas de una revolución que nos vendió una nueva moral que es ANORMAL e INMORAL. Sus efectos son muy adversos, son destructivos del alma y la civilización.
Todos lo sabemos, pero pocos estamos haciendo algo al respecto. ¿Nos hemos resignado a esa derrota?
Esa re-ingeniería social se encargó de capitalizar sobre nuestro enorme egoísmo, de sólo buscar el placer y hacer el mínimo esfuerzo. La culpa es siempre de otro y es huérfana.
Todos sabemos lo que los niños merecen, pero al parecer ya muchos se rindieron. ¿Dejamos morir a ese puertorriqueño de valor, capaz de tirar para adelante sin complejos?
Nuestra cultura está herida de muerte hace tiempo, en particular desde la aceleración de malas ideas a finales de los 1950’s para acá.
Toda la buena investigación científica que ha estudiado para arriba y para abajo a las estructuras familiares funcionales y disfuncionales concluyen lo mismo. Lo que estamos sufriendo es por abandonar la verdad sobre lo que los niños merecen.
Nuestros niños merecen:
Un padre y una madre. Hombre y mujer presentes en un matrimonio intacto con temor de Dios. No es imposible. Si nos re-ubicamos y nos determinamos, en una amplia mayoría eso sí se puede.
- Ante la madre sola y la ausencia del padre, hay muchos que se consagran para criar con buena estabilidad emocional y económica. Y aunque salen muchos niños saludables y buenos de esa circunstancia unipatental, en general, los datos son apabullantes y los hechos nos gritan que: la niñez en esas circunstancias de crianza unipatental son mucho más vulnerables. Tenemos cárceles, unidades psiquiátricas y calles que dan constante testimonio de esa vulnerabilidad no atendida.
Los niños no merecen:
…Siete padrastros o “amigos de mamá” en menos de cuatro años.
…Papá en la cárcel.
…Progenitores sin compromiso, nunca casados o divorcio contencioso.
…Poder y control que usa a los hijos de ficha para herir al otro.
…Dos mamás que se aman entre sí pero no pueden paternar.
…Dos papás que se aman entre sí pero no pueden maternar.
…Abuelitos cansados que les han obligado a volver a criar en un momento tan duro cuándo sus fuerzas menguan.
Nuestros niños merecen:
Que matemos al egoísmo, el amor al dinero y la adicción a los placeres. Y esto aplica tanto a quiénes tienen más dinero como a los que tienen poco o nada.
Nuestros niños merecen:
Que recuperemos la gran riqueza de la complementariedad de los sexos. Hombres y mujeres iguales en dignidad pero diferentes en diseño. Que reconociendo sus fortalezas y debilidades, tanto las naturales como las construidas pueden aprender verdadera tolerancia.
Nuestros niños merecen:
Saber que la sexualidad y la
reproducción es tan sagrada que su mejor lugar es el matrimonio. Que ellos no son animales y que pueden aspirar alto hacía el modelo saludable que es: la familia natural en compromiso mutuo y público para toda la vida. Ninguna estructura social puede superar al matrimonio heterosexual bien llevado. ¿Por qué no estamos invirtiendo ahí?
Nuestros niños merecen:
En lo que le toca a los administradores y funcionarios públicos que sean realmente valientes en una visión clara enfocada hacia el FORTALECIMIENTO FAMILIAR EN UNA CULTURA DE LA VIDA. Que se atrevan eliminar a:
- El feminismo falsario y fracasado.
- La ideología de género en todas sus manifestaciones.
- La ideología marxista fracasada con su dogma cuasi-religioso de “opresor-oprimido”.
- El mal gasto y el robo.
- La exaltación cultural de atorrantes, figuras llenas de antivalores con malas costumbres como “entretenimiento” perreando por la vida.
- La dependencia socioeconómica al “papá gobierno”.
Y la lista es mucho más larga.
Nuestros niños merecen:
Que todos nos hagamos responsables de una manera o de otra.
Los deseos y placeres de los adultos no deben definir las necesidades o la formación de los niños. La naturaleza espiritual, física y mental del ser humano requiere de vivir en una buena conciencia. Y esa conciencia hay que entrenarla para hacer las cosas como Dios manda. Entregando todo lo que nos toque para bendecir con raciocinio, verdad y amor a la generación.
Si en el fondo buscamos lo que nos queda en la psiquis, por herencia del tesoro original de donde venimos… todos sabremos qué merecen nuestros niños.
¡Tenemos mucho trabajo que hacer! ¿Nos apuntamos?




Comment